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martes, 16 de noviembre de 2010

El nombre del Departamento del Río Beni

Como ha sido señalado por varios historiadores, el Departamento del Beni lleva su nombre en honor al caudaloso río Beni (que significa viento en lengua tacana), que dividía en dos la gran extensión de norte y sur (cuando comprendía también lo que hoy es el norte del departamento de La Paz). O sea que ciñéndonos a lo estricto deberíamos mencionar al río al nombrar al departamento. Para evitar esta extensión y siguiendo el uso de otros nombres de ríos y regiones asignados a territorios definidos, como por ejemplo Paraguay y Perú, en vez de decir departamento del Río Beni, decimos del Beni en alusión al río. Tal como decimos República del Paraguay (que toma su nombre del río Paraguay) o República del Perú (la región al sur de Panamá). Por lo tanto, no es correcto eliminar la contracción de preposición y artículo (del) al nombre del departamento, como ahora pretenden quienes se apegan a una generalización de los nombres de nuestros departamentos.

El decreto de creación del Departamento del Beni (18 de Noviembre de 1842) dice textualmente: "Se erige un nuevo Departamento de la República, compuesto de las provincias Mojos, Caupolicán y Yuracarés, que se denominará: Departamento del Beni”; no dice departamento de Beni.

Conviene recordar lo que ha sido expuesto en exposiciones congresales, memorias y foros para entender las razones por las que el gobierno de José Ballivián (1841-1847) asignó este nombre al departamento, en vez de llamarlo Mojos, como era previsible para una región cuyo sentido de pertenencia estaba centrado en la tradición jesuita mojeña. En aquella época el plan general gubernamental de desarrollo estaba basado en cuatro regiones, “una de éstas comprendía el oriente y se esperaba que a través de esta región fluyera el intercambio comercial con Europa por la vía Amazonas-Atlántico. Por eso, la denominación del nuevo departamento se supeditó al término que refería un río y no al de una cultura tradicional autóctona, Mojos” (Groff Greever, 1987:25, citado en Gamarra, 1992). Es decir que la importancia del río es la base del nombre y al omitir la contracción de preposición y artículo (del) al nombre del departamento, estamos eliminando la alusión a esta vía fluvial.

Existen algunos elementos que llevan a la confusión de generalizar la omisión del artículo. Es evidente por ejemplo, que al hacer una lista de departamentos no se lo incluye (por ejemplo decimos: Oruro, Cochabamba, Beni, Santa Cruz etc.), pero esto no quiere decir que al referirse a la pertenencia concreta al departamento se omita este artículo. Debemos entonces decir por ejemplo, el gobernador del Beni y no el gobernador de Beni. Es también evidente que en un mapa el nombre del Beni no aparece con el artículo (aunque en mapas antiguos sí aparecía la región como El Beni), pero esto tampoco da licencia para eliminarlo de todo lo demás. Y menos de quitarlo de nombres propios como Universidad Autónoma del Beni o La Palabra del Beni o Primero el Beni, como ya algunos pretender hacer.

Mantener el uso habitual del nombre del departamento del Beni es conservar un uso tradicional del lenguaje y es una forma de evitar el sutil avasallamiento que sufre la identidad beniana a través de influencias ajenas a la región.

viernes, 11 de septiembre de 2009

OMISIONES QUE CAMBIAN LA PRONUNCIACIÓN

La omisión de acentos en nuestro idioma ha sido desde mucho tiempo atrás el origen de graves confusiones en la pronunciación de nombres de ciudades, lugares, plantas, árboles, etc. Es una distorsión que se origina en la antigua costumbre – hoy oficialmente modificada – de permitir que las mayúsculas no lleven acento.

Este hecho es particularmente grave en un país como el nuestro, en el que la región oriental adopta muchos nombres nativos para regiones, plantas, árboles y frutos. Las lenguas nativas originadas en un tronco común, acentúan con especial énfasis las vocales. Por eso nuestros frutos más comunes como el achachairú, el tarumá, el ocoró, suenan totalmente distintos si no llevan acento; en algunos casos resulta incluso difícil entender a qué se refiere una pronunciación desacentuada.

Todo esto puede ser trivial para algunas personas que por su actividad sólo se encuentran ocasionalmente con la necesidad de pronunciar con propiedad. Pero para quienes están en contacto con el comercio forestal (paquió, ochoó, curupaú), con la extensión agropecuaria o con comunidades nativas del oriente, es fundamental darle importancia a la acentuación, especialmente a la hora de escribir transacciones comerciales o informes de experiencias. Y mucho más si se trata de reporteros e informadores que al ser los que más se dirigen al gran público se toman licencias que nadie corrige. Una de ellas es la de no acentuar Amazonía, desviación nacida de la influencia de la palabra en portugués que se pronuncia de otra manera.

De estas distorsiones nacen controversias como la de acentuar o no Chiquitanía. Lo más probable es que la palabra sea con acento, pero dada la manía de algunos informadores de no acentuar debidamente nuestros nombres originarios, se va difundiendo la duda. Dudas como ésta, al propagarse sin que nadie las corrija, sientan derecho y se vuelven tan universales como lo ocurrido con el río Piraí: en muchos diccionarios del mundo no sólo no acentúan la “i” sino que la cambiaron por i griega. Por eso para muchos visitantes es ahora el Río Piray.

Pero una de las omisiones actuales más preocupantes es la de los pronombres de países y regiones. Muchos salvadoreños reclamarían si oyen decir que son de Salvador y no de El Salvador (con pronombre que enfatiza, al referirse a Jesucristo, que no es un salvador, sino que es el – único – salvador). Y con pronombres están el Perú, el Uruguay, el Paraguay...y – por supuesto – el Beni. Si bien el caso peruano utiliza indistintamente el nombre del país con o sin artículo, esto es menos frecuente en el caso del Uruguay cuyo nombre se origina en el río Uruguay de la misma manera que el nombre del Paraguay. El departamento del Beni tomó su nombre del río Beni y debe respetarse su forma correcta con pronombre. Lo demás son licencias sin fundamento no aceptadas ni por el uso ni por la Academia Nacional de la Lengua.